
No concibo el pensar sin el hacer. O al revés. Pensar también ocurre con las manos. ¿Acaso el sistema nervioso termina en el cuello?
Mis afectos todavía me preguntan: "¿Pero vos tejés, pintás o escribís?". Como si hubiera que elegir. Como si hacer una cosa invalidara la otra.
A lo mejor está instaladísima cierta mirada decimonónica según la cual la división social del trabajo terminó por atravesar también las artes: o se escribe o se pinta o se teje o... Yo, para no entrar en mayores explicaciones, ni citar a Durkheim, respondo con toda la seriedad del mundo que me adscribo a un marco teórico renacentista.
Las respuestas, por más disparatadas que sean, calman la incertidumbre.
Mientras tanto, esquivo los casilleros. No pido permiso, no. La prioridad es la idea que pide nacer y encontrar su forma, por fuera de cualquier marco teórico o expectativa previa.
Aprovecho que estás leyendo esto para desearte: